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20 de Septiembre, 2007


Ultimo llamado

Publicado el 20 de Septiembre, 2007, 22:56. en General.
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Señores padres:

El primer contacto que tienen sus niños con la literatura es a través de las "nanas" o "canciones" que padres y abuelos le entonan cuando es pequeño.

Luego vendrá la época de los cuentos narrados, de los libros leídos, más tarde prosigue en el Jardín de infantes, donde "el libro" empieza a tener importancia y se convierte en el nuevo juguete, que como niño tendrá a su alcance.

En este lugar, tan enriquecedor de su vida escuchará narraciones, manipulará libros de imágenes, jugará con poesías.

Recibir un cuento leído o narrado, es también una forma de lectura, ya que el niño interactúa con el texto, representa las imágenes, evoca objetos, animales conocidos, asocia escenas y paulatinamente llega al final de la historia.

Así el niño comienza a interesarse por la literatura, se acerca al texto con la curiosidad y placer y llega a la escuela primaria con deseos de aprender las letras, unirlas, formar palabras, escribir oraciones y comenzar a leer sus propias producciones.

Luego entrará en la magia de comprender el mensaje escrito que encierran los libros y lo llevará a realizar viajes imaginarios, llorar, reír divertirse con el personaje favorito, volar con la imaginación, tomar contacto con la realidad y adquirir herramientas para transformarlos.

Así, aprenderá que leer es dialogar, como sintonizar con pensamientos de otros, que es comunicarse con los demás y con espacios, tiempos y lugares diferentes.



Quizas usted comparta estas ideas, mas no tenga la posibilidad de leer a menudo un cuento a su hijo por diversas razones. Por dicho motivo hemos recopilado en 4 cd´s la mejor coleccion de cuentos infantiles aptos para ser escuchados en cualquier artefacto reproductor.


CONTENIDOS DEL CD 1

Aladino y la lámpara maravillosa
Ali Baba y los 40 ladrones
Alicia en el país de las maravillas
Pulgarcito
Blancanieves y los siete enanitos
Caperucita roja
Don Fresquete
El Barquito De Cáscara De Nuez
El Flautista De Hamelin
El Gato Con Botas



CONTENIDOS DEL CD 2

El Gato Con Botas
El lobo y los cabritos
El Lobo, El Zorro Y El Burro
El niño y el lobo
El Niño Y El Maestro
El patito feo
El pingüino distraído
El Príncipe Feliz
El Sastrecillo valiente
El Soldadito de Plomo



CONTENIDOS DEL CD 3

El Zapatero Y Los Duendes
Garbancito
Gulliver en el País de los Gigantes
Hansel y Gretel
La aguja maravillosa
La Bella Durmiente
La casita de chocolate
La cenicienta
la cigarra y la hormiga
La gallina de los huevos de oro



CONTENIDOS DEL CD 4

La Gallina Marcelina
La Rana charlatana
La ratita presumida
La Tinaja y la Aceitunas
Los Dos Conejos
Los Tres Cerditos
Los Tres Ositos
Pinocho
Pulgarcito


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Todo este material reunido en 4 cd´s
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sexo solitario. Libro de TW Laqueir

Publicado el 20 de Septiembre, 2007, 18:45. en General.
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19 SEP 07 | De Onania a la Web
Sexo solitario
Mitos, censuras y permisos en una historia cultural de la
masturbación, el infrecuente y exhaustivo libro de Thomas W. Laqueur.

ÍNDICE
“El entusiasta autoabuso”
El autor
 

“El entusiasta autoabuso”
(Fondo de Cultura Económica)

SEXO SOLITARIO
UNA HISTORIA CULTURAL DE LA MASTURBACIÓNTHOMAS W. LAQUEUREN PRIMERA
PERSONA¿Por qué la masturbación ha resultado un tema tan inquietante
desde hace siglos? ¿Qué tácitos límites transgrede? ¿A quién ofende o
desobedece?

Los argumentos han sido de lo más variados pero siempre sometidos a
las ideas hegemónicas de cada momento. La religión, el discurso
patriarcal, el médico. Pecado, vergüenza o enfermedad. Vía segura a la
degradación de la conducta o al ocaso moral. La modernidad tardía la
reivindica, pero también lo hace desde una  perspectiva terapéutica
acorde con el espíritu de la época. Masturbarse es autoexploración, es
descarga de tensiones venenosas, es preparatorio o reparador. Todos se
han sentido en la obligación de opinar al respecto: desde los clérigos
a los cirujanos, de Emile Kraepeiln a Sigmund Freud, de Egon Scheille
a los Monty Python. La masturbación siempre ha estado allí.

Es curioso pero, aunque las explicaciones y los riesgos que se la han
atribuido son de los más diversos, nunca se ha dejado de hablar de
“eso”. Justamente de “eso” de lo que no se habla. De lo privado, de lo
secreto, de la inaccesible intimidad con uno mismo. Recomendada o
proscripta.  Oculta bajo las sábanas o expuesta en las grandes
/“Masturbatones[1]”/ públicas de la era post-porno.

El libro de THOMAS LAQUEUR es una obra maestra de la historiografía
cultural capaz de narrar una historia con sólido respaldo documental
en una lengua comprensible y sin estridencias.  Al margen de
psicologismos decadentes el libro se lee como un testimonio
inteligente sobre lo que tal vez constituya la agonía del último tabú
sexual. Recomendable, en cada uno de los múltiples sentidos de la
palabra. Léalo en soledad, léaselo a usted mismo. Ya se sabe, las
verdaderas gratificaciones son privadas, solitarias y –por suerte-
parece que ahora liberadas del peso de la culpa. Tal vez leer, sea
entre otras, una de las formas más eficaces de poseerse a uno mismo. Y
eso no es poco ¿no?.

DR. DANIEL FLICHTENTREI 

-------------------------
 FRAGAMENTOS DE LA OBRA: 

I. El comienzo
La masturbación moderna puede fecharse con una precisión rara en la
historia de la cultura. Nació el mismo año que ese salvaje y
profundamente autoconsciente ejemplar de “nuestra” naturaleza humana,
Jean-Jacques Rousseau, o en una fecha muy cercana. Llegó en la misma
década que las primeras novelas de Daniel Defoe y la primera crisis de
mercado. (Los lectores recordarán las repetidas bromas -novedosas para
la época- en el primer capítulo de Los viajes de Gulliver, que Swift
comenzó en 1719: “Mr. Bates, mi amo”; “mi buen amo Bates”.)* Es una
criatura del Iluminismo.

La masturbación moderna es profana. No sólo consiste en algo que
supuestamente convierte a quienes la practican en seres exhaustos,
enfermos, locos o ciegos, sino que también es un acto con serias
implicaciones éticas. Es esa parte de la vida sexual humana en la que
el placer potencialmente ilimitado encuentra su censura social donde
el hábito y la promesa de una “última vez” luchan contra los dictados
de la conciencia y la sensatez; donde la fantasía silencia -aunque sea
por un momento- el principio de realidad y donde el yo autónomo escapa
del páramo erótico del aquí y ahora hacia un mundo lujurioso que él
mismo ha creado, y queda suspendido entre la abyección y la
satisfacción.

 

/"ONANIA; O, EL ATROZ PECADO DE LA AUTOPOLUCIÓN Y SUS
TERRIBLES CONSECUENCIAS" /

En algún momento entre 1708 y 1716 -“en 1712, o alrededor de esa
fecha”-, el entonces anónimo autor de un breve tratado de extenso
título no sólo nombró sino que realmente inventó una nueva enfermedad
y un mecanismo novedoso, altamente específico, cabalmente moderno; un
modo casi universal de generar culpa, vergüenza y angustia. Su título:
Onania; or, The Heinous Sin of Self Pollution, and all its Frightful
Consequences, in both SEXES Concidered, with Spiritual and Physical
Advice to those who have already injured themselves by this abominable
practice. And seasonable Admonition to the Youth of the nation of Both
SEXES…[Onania; o, El atroz pecado de la autopolución y sus terribles
consecuencias, indagado en ambos SEXOS, con consejos espirituales y
físicos para aquellos que se han dañado con esta abominable práctica.
Y una provechosa admonición a la juventud de la nación de ambos
SEXOS…] El autor denuncia que existe “una ofensa tan  frecuente y tan
flagrante” que no alcanza a ser explicada por las usuales fuentes de
corrupción moral: “libros enfermizos, malas compañías, historias
amorosas, discursos lascivos y otras Provocaciones a la Lujuria y al
Desenfreno [sic]”. Cualesquiera sean sus causas inmediatas, ese pecado
tiene tan amplia difusión porque quienes lo practican ignoran que
están haciendo algo incorrecto, pues lo que hacen parece libre de las
habituales objeciones de la conciencia y de la comunidad, y además no
parece tener consecuencias dañinas para la salud.

Por ende, la IGNORANCIA tiene mucho que ver con esto. Merced al
“desenfreno” o sólo por hallarse “apesadumbrados y solos”, o bien por
indicaciones de los íntimos, los jóvenes aprenden a abusar de sí
mismos sin enterarse de cuán incorrecto y peligroso es eso. El secreto
motiva esa ignorancia: “Las restantes acciones sucias deben tener un
testigo, ésta no necesita testigo alguno”. Promete a sus víctimas
librarlas de vergüenza, culpa y restricciones derivadas de las
convenciones sociales: los muchachos tímidos que son demasiado
delicados como para acercarse a una muchacha pueden hallar de todas
formas satisfacción para sí; las chicas pueden usarla para “combatir
fuertes deseos” y rechazar encuentros desagradables sin “revelar a
nadie su debilidad”. Y, por último, se supone que el acto es impune:
ninguna condena a muerte, como hubiera sucedido con la sodomía;
ninguna sanción criminal o social, como las suscitadas por la
fornicación o el adulterio; ninguna consecuencia punitiva de ningún
tipo.

O eso es lo que piensan, con gran riesgo para sí, los masturbadores.
No puede existir otro modo de explicar la existencia de un pecado tan
terrible, endémico pero ampliamente minimizado como el de la
autopolución voluntaria.

Para mayor precisión, el problema que había sido tan ampliamente
ignorado, pero que habría de ocupar un gran lugar en la comprensión
moderna de Occidente respecto del yo y la sexualidad, era el
siguiente: Esa Práctica antinatural por la cual personas de ambos
sexos pueden corromper sus propios cuerpos sin la Asistencia de otros.
Mientras se abandonan a la sucia imaginación, se esfuerzan por imitar
y procurarse aquella Sensación que, según Dios dispuso, ha de
acompañar al Comercio Carnal entre ambos sexos para la Continuidad de
nuestra Especie.

El universo de potenciales perpetradores es más bien ilimitado: “ambos
sexos”, a solas, sin ayuda externa. A diferencia de la sodomía, la
polución nocturna y una multitud de otras ofensas, hombres y mujeres
estaban en idénticas condiciones para cometer esa infracción, igual y
moralmente propensos. Era la más democrática y la más lujuriosamente
accesible de las prácticas antinaturales. Alcanzaba con que los
pecadores se abandonaran a la “sucia imaginación” para lograr “imitar
y procurarse” las sensaciones del orgasmo. Esa práctica artificiosa,
que en otro tiempo había significado tan poco, habría de representar
durante los próximos tres siglos las profundidades psíquicas de
muchachos y muchachas, hombres y mujeres; del mismo modo señalaría un
peligro para sus relaciones con los familiares, los amantes y, en
términos más generales, con el orden social.

El autor anónimo, que, como descubriremos pronto, fue un cirujano de
prestigio que escribió pornografía médica soft, inventa la brillante, 
casi completamente original y notablemente exitosa asociación entre el
“ENTUSIASTA AUTOABUSO” y la historia del Génesis sobre Onán, aquel que
preferiría sembrar su semilla en la tierra antes que fecundar a la
mujer de su hermano muerto y morir castigado por eso. Nacía el
ONANISMO. El nuevo pecado, sugiere nuestro autor, tiene las mismas
terribles consecuencias que el del Antiguo Testamento: la muerte. En
este caso, no por la mano de Dios sino por la de la naturaleza, que,
afectada, debilitará al pecador.

/"...ES FÁCIL COMETER UN CRIMEN PERO DIFÍCIL BORRAR SUS
HUELLAS; QUE TANTO EL SECRETO COMO LA IMPUNIDAD SON ILUSORIOS"
/SIGMUND FREUD 

 En cierto sentido, Onania y todo lo que le siguió es un único y
extenso esfuerzo por sustentar el planteo posterior de FREUD de que es
fácil cometer un crimen pero difícil borrar sus huellas; que tanto el
secreto como la impunidad son ilusorios.

Situar al texto -alrededor de 1712- en la historia de la sexualidad y
el autocontrol es, en cierta medida, un ejercicio de la historia de la
medicina. Nuestro autor sostiene que primero pensó en ofrecer remedios
religiosos. Pero mostró su obra a un piadoso médico, quien le habló
acerca del problema de la gente que sufre por causa de un pecado
secreto y le dijo que no había ayuda disponible para ellos. Este
supuesto encuentro cambió la historia. El médico piadoso -anónimo como
el autor- “me recomendó [dice el narrador, que se identifica con el
autor] dos remedios de gran eficacia”. El primero cura sudoraciones y
gonorreas (descargas) de todo tipo, en hombres y mujeres, que no son
resultado de enfermedades venéreas -fluor albus (un flujo vaginal
blanco), efusiones nocturnas, emisiones seminales en el momento de la
orina o de la defecación-; el otro cura la infertilidad y la
impotencia, causadas o no por enfermedades venéreas.

Consultado por sus nombres, el editor Mr. Varenne -una tercera
vozaconseja: la “Tintura vigorizante” y el “Polvo prolífico”. Y hay
más recomendaciones: la “Tintura vigorizante” funciona mejor junto con
el “Cocimiento” y la “Inyección”, por ejemplo. La medicina parece
apoderarse de la moral. El autor/narrador se distancia, en la
práctica, del mercadeo terapéutico de Onania contando a sus lectores
que fue el médico -no él- quien de su propio bolsillo empezó a
imprimir ediciones del tratado -dos mil cada vez- y que, desde
entonces, “administró los remedios con el mayor beneficio y éxito del
mundo”.

Llamativamente, ese desvergonzado esfuerzo por inventar una nueva
enfermedad y al mismo tiempo ofrecer su cura a un precio exorbitante
se volvió el texto fundacional de una tradición médica que se
convertiría en uno de los pilares de la medicina del Iluminismo y que
ayudó a crear la sexualidad moderna. Gran cantidad de conferencias,
cientos de artículos, entradas en enciclopedias, tratados didácticos y
varios copiosos tomos habrían de encontrar su origen en 1712. Casi
doscientos años después, cuando muchos empezaron a dudar de que la
masturbación causara serios daños físicos, un célebre doctor francés
encontró casi cien situaciones que eran signos o consecuencias del
autoabuso.

Mucho antes y mucho después de 1712, se consideraba que el cuerpo
sufría a consecuencia de las malas conductas. La medicina siempre fue
algo semejante a una guía moral, una suerte de ética de la carne. Ese
papel aumentó considerablemente en el siglo XVIII, cuando, al menos en
los círculos progresistas, las normas morales comienzan a fundarse en
la naturaleza, y son enseñadas más en las escuelas, el mundo de los
médicos y de los pedagogos, y menos a través de la autoridad divina y
las prédicas de la Iglesia, la esfera de curas y pastores. En ese
contexto, no es sorprendente que las angustias culturales fueran
transformadas en enfermedades; por ejemplo, enfermedades de la
civilización, causadas por una variedad de cosas malas: demasiado
lujo; demasiada actividad mental y poco ejercicio; demasiada afición o
demasiada lectura de novelas, que afecta al cuerpo o sus nervios; o
enfermedades que provienen de la excesiva actividad sexual. Pero el
exceso de sexo, para tomar el último ejemplo, fue reconocido como
problema médico desde la Antigüedad. En consecuencia, la principal
pregunta no es por qué en algún momento alrededor de 1712 la
masturbación comenzó a ser considerada un problema médico o por qué
alrededor de 1920 dejó de ser pensada como una enfermedad.

/"POR QUÉ EL SEXO SOLITARIO EN ESPECIAL SE CONVIRTIÓ EN UN
PROBLEMA MORAL TAN PERTURBADOR PRECISAMENTE EN LA ÉPOCA EN QUE EL
PLACER SEXUAL ESTÁ DISFRUTANDO DE LA MAYOR APROBACIÓN SECULAR"/

Más inquietante es por qué el sexo solitario en especial se
convirtió en un problema moral tan perturbador precisamente en la
época en que el placer sexual está disfrutando de la mayor aprobación
secular. El problema consiste en explicar una transformación ética de
considerable magnitud y de enorme poder en la que las enfermedades
masturbatorias no fueron sino una de sus probables manifestaciones.

De hecho, la masturbación siguió siendo una gravosa cuestión moral
sobre la que se pensó mucho en el campo de la sexualidad humana -en
realidad, un componente crítico de lo que llegó a ser comprendido como
“sexualidad”- mucho después de que dejó de ser vista como una causa de
real daño físico. Sigue siendo así hoy, aunque sus más virulentos
opositores ya no plantean que causa ceguera, locura u otras
enfermedades corporales. La pasión moral y el peligro médico crecieron
juntos: este último como expresión de la primera. Pero cuando la
amenaza del daño físico dejó de ser convincente, no cesó la
preocupación por el sexo solitario, expresada por primera vez en 1712;
muy por el contrario.

¿Por qué, podríamos pensar, se destina esa hipérbole - “tan
desagradable… prohibido por Dios… despreciado por los hombres”- a una
práctica médicamente inocua? Freud y su círculo debatieron
apasionadamente si el onanismo causaba daños físicos y si era
genéricamente peligroso -el maestro tendía a ser chapado a la antigua
en esos temas-; pero todos los padres fundadores del psicoanálisis y
muchos de sus sucesores coincidieron en que era muy importante para
comprender la historia del yo y de su lugar en el orden social. En
1995, la cirujana general de los Estados Unidos Jocelyn Elders fue
despedida, ostensiblemente, por haber respondido con algo que se
acercaba al “sí” a una pregunta que le hicieron en una conferencia de
prensa: si se debía enseñar a los niños acerca de la masturbación en
las clases de educación para la salud o de estudios sociales. En otras
palabras, como un aspecto culturalmente importante de nuestra
sexualidad, el onanismo ha sobrevivido fácilmente en su estatuto de
enfermedad.
REFERENCIAS:
Sexo solitario, Una historia cultural de la masturbación. Laqueur, Thomas W. 
Fondo de Cultura Económica[2]ISBN: 9789505576456
Formato: 15,5 x 23 cm., 503 pp.
Primera edición: 2007 
Colección: Historia
Temas:  » Historia > Enfoques históricos > Enfoques específicos

''''''''''''''''SEXO SOLITARIO'''''''''''''''' es la primera historia
cultural de la práctica sexual más común y extendida del mundo: la
masturbación. Cuando casi todas las prácticas sexuales cuentan con
defensores públicos y los actos sexuales forman parte de las primeras
planas de las noticias, la más sencilla y habitual de dichas prácticas
resulta vergonzosa, incómoda e incluso radical cuando es admitida
abiertamente. Sin embargo, esto no siempre fue así. El sexo solitario
como un tema médico y moral importante puede ser fechado con una
precisión poco frecuente en la historia cultural: el "vicio solitario"
entra en escena alrededor de 1712. Criatura de las Luces, la
masturbación en principio preocupó no tanto a los conservadores -para
quienes era uno entre los numerosos pecados de la carne- sino a los
progresistas, quienes aceptaban gozosos el placer sexual pero luchaban
para crear una ética del autogobierno. Así, la masturbación se
convirtió en un tema de interés ético tanto para hombres como para
mujeres, para jóvenes y adultos.
Thomas W. Laqueur revela cómo y por qué este modesto y alguna vez
oscuro medio de gratificación sexual se convirtió en el gemelo maldito
de las grandes virtudes de la sociedad comercial moderna: la moral
individual autónoma y privada, la creatividad y la imaginación, la
abundancia y el deseo. Así, muestra cómo un problema moral se
convierte en problema médico, cómo algunos de los científicos más
importantes de los siglos XVIII y XIX culparon a los placeres
solitarios de producir daños físicos, mutilaciones e incluso la
muerte. A principios del siglo XX, Freud y sus sucesores transformaron
esta tradición al definir la masturbación como una etapa del
desarrollo del hombre y, finalmente, en el ocaso de ese siglo, la
masturbación se convirtió para algunos en el elemento clave en la
lucha por la liberación sexual, personal y también artística.
El historiador Thomas W. Laqueur, a través del análisis minucioso de
materiales tan diversos como la Biblia, textos médicos y filosóficos,
diarios, autobiografías, el trabajo de artistas conceptuales,
materiales feministas y pornografía, nos presenta la historia de lo
que ha sido el último tabú. 
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Publicado el 20 de Septiembre, 2007, 3:47. en General.
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