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Adiccion al Sexo y la Terapia-

Publicado el 21 de Julio, 2006, 16:29. en General.
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Doble vida: Es cuando comienzan las mentiras



Fuente: Corrientes Noticias.com 21/05/06





Aunque D.V son iniciales falsas corresponden a un caso
real, y su historia comienza donde empiezan casi todas
las que relatan los hombres y las mujeres que como él
viven enganchados al sexo: en la adolescencia.



De entonces a hoy, hasta sus 35 años, ha vivido
ocultándose a sí mismo, y a los demás, su incapacidad
para reprimir sus deseos sexuales.



«Todo sobrevino por una ruptura afectiva y empecé a
mantener relaciones con muchas mujeres como medio para
evadirme del dolor. Había días que podía tener varios
encuentros o mantener durante una semana 12 relaciones
distintas.



La necesidad de seducir y conquistar se convirtió en
una obsesión», confiesa a SALUD en una entrevista
telefónica este sexoadicto que actualmente está
tratándose en el Instituto Espill de Psicología,
Sexología y Medicina de Valencia. D.V. no calmaba su
mono con la masturbación frecuente o con las revistas
o con los vídeos pornográficos vistos a escondidas,
como muchos otros adictos al sexo, pero sí como otros
tantos saltaba de cama en cama con el fin de obtener
unos pocos segundos de placer físico, y alivio mental,
que acaban siempre por convertirse en horas y días de
dolor, vergüenza y arrepentimiento. D.V sufre, como
cerca del 6% de la población, un comportamiento sexual
compulsivo. Al menos, éstas son las estadísticas que
barajan los especialistas involucrados en su estudio y
tratamiento.



Pero pueden ser más. Según un estudio publicado en el
American Journal of Psychiatry, «las cifras están
infravaloradas porque esta conducta se vive en secreto
debido a que causa pudor, es vergonzante y
clandestina». Y todos, ellos y ellas, como todos los
que tienen alguna dependencia, han caído en su
adicción sin darse apenas cuenta y sufren y se
autodestruyen un poco más cada vez que se ven
incapaces de decir no.



«Muchas de mis relaciones estables se rompían porque
se enteraban de mi doble vida y yo sufría por mi
pareja y por mí. Mi obsesión afectó a mi vida laboral
y a la personal. Además, faltaba a mis valores con mis
mentiras y engaños. Por todo ello decidí ir a la
consulta». Aunque D.V. reconoce que sus múltiples
relaciones sexuales también le producían satisfacción:
«La vanidad se eleva con cada conquista y, además,
tienes muchas experiencias», afirma que esta vez está
dispuesto a reconducir su vida sexual. «He sufrido
recaídas, pero creo que estos seis meses de terapia
van a ser los definitivos».



«Se trata de un trastorno que ha empezado a ser
rápidamente reconocido como uno de los mayores
problemas sociales, cuyas características y
consecuencias son similares a las de otras adicciones
tan bien conocidas como la de las drogas, el
alcoholismo o la ludopatía», explican los expertos
integrados en el Counseling Afiliates Sexual Addiction
Treatment Program en Houston (Texas), una organización
estadounidense especialista en la terapia de este tipo
de comportamiento compulsivo.



Descrito por primera vez en 1986 como psicopatía
sexual por el psiquiatra alemán Kraft-Ebbing, no es
hasta 1970 cuando de la mano de un sólo hombre,
Patrick Carnes, se desarrollan las pautas necesarias
para su identificación y tratamiento. Este psicólogo,
investigador y autor de obras como: Understanding
Sexual Addiction (Entendiendo la Adicción Sexual) y
Don t Call it Love: Recovery from Sexual Addiction (No
lo llames amor: recuperarse de la adicción sexual) es
el responsable de buena parte de la literatura
científica que ha caído en las manos de los terapeutas
de los adictos al sexo.



«Las personas con comportamiento sexual compulsivo se
vuelven adictas a los cambios neuroquímicos que se
producen en su cuerpo y en su cerebro durante el acto
sexual, como los cocainómanos se enganchan por los
efectos de esnifarcocaína o los heroinómanos por
chutarse», ha declarado Carnes. Sólo que en el caso de
los sexoadictos, el mono es fundamentalmente
psicológico.





¿QUÉ ES?-

Pero, ¿cuánto sexo es demasiado? ¿Dónde esta el límite
entre lo normal para cada persona y lo patológico? La
sexualidad forma parte natural del ser humano, pero
cuando se convierte en una prioridad que interfiere en
la vida diaria, en el trabajo, afecta a las relaciones
personales y sociales y, además, causa ansiedad,
estrés y arrepentimiento, entonces se convierte en
sexoadicción.



Una dependencia que no puede describirse a través de
un sólo comportamiento (como sucede con otras
adicciones), ya que puede disfrazarse como una o
varias de estas formas: masturbación compulsiva,
relaciones con múltiples parejas heterosexuales u
homosexuales, encuentros con personas desconocidas,
uso de pornografía, prostitución o líneas eróticas.
Todas están englobadas dentro de lo que se consideran
trastornos no parafílicos, porque las otras, las
parafilias (que también implican comportamiento sexual
compulsivo) son mucho más graves, suelen tener otro
tipo de causas y también son menos frecuentes. Es el
caso del exhibicionismo, la pedofilia, el voyeurismo,
la violación, la pornografía infantil, entre otras.



Otra de las características de esta dependencia es que
incluso, a veces, no todo es sexo. «Muchas de las
personas adictas pasan por periodos largos de
abstinencia», destaca Juan José Borrás, director del
Instituto de Sexología, Psicología y Medicina Espill,
de Valencia, y ex presidente del comité científico de
la Asociación Mundial de Sexología.



Y todos, sin distinción de clase social, de ocupación
laboral o de sexo, pueden caer en la búsqueda
constante e insaciable de este tipo de placer y en la
inmensa soledad que ella genera.



Aunque ellos se enganchan más que ellas. «Normalmente
nos encontramos con más casos de hombres que de
mujeres. Algunas hipótesis se inclinan hacia una
explicación cultural, social y educacional. Mayor
facilidad en el acceso a la práctica sexual, más
necesidad de cuantificar la sexualidad y creen en
mayor medida que esto es, precisamente, lo que se
espera de un hombre, como la experiencia», apunta
Marta Arasanz, del Instituto de Sexología de
Barcelona.



El comportamiento sexual compulsivo se gesta, en la
mayoría de los casos, en la mente, donde las fantasías
sexuales, los sueños y los pensamientos eróticos se
convierten en la válvula de escape de los problemas
laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o
la insatisfacción personal. De ahí que los
especialistas en este campo consideren la adicción al
sexo como un síntoma y no una enfermedad.



«Es como la punta del iceberg, lo que se ve a primera
vista, pero es el reflejo de múltiples trastornos
mentales como la ansiedad, las dificultades para
relacionarse, la inseguridad afectiva o los problemas
de identidad sexual, entre otros», afirma Manuel
Manzano, médico y sexólogo, del Centro de Urología,
Andrología y Sexología de Madrid.



Pero cuando las ideas sobre el sexo roban la mayor
parte del tiempo, muchos eligen pasar a la acción para
espantar sus fantasmas. Para la mayoría de ellos, la
dependencia ya ha empezado y ni siquiera se han dado
cuenta de ello.



«Todo el mundo tiene fantasías, pero la persona
obsesionada decide muchas veces pasar a actuar
creyendo que es una forma de liberarse de sus
pensamientos. Sin embargo, suele suceder lo contrario,
su actitud se empieza a repetir sin control y cae en
el comportamiento sexual compulsivo», señala Borrás.



DOBLE VIDA.- Es entonces cuando empiezan las mentiras.
Las que se cuentan a sí mismos con el fin de
autoconvencerse de que todo está bajo control: («Ésta
es la última vez»), y las que cuentan a los demás,
para ocultar su doble vida. «Los adictos al sexo se
convierten en grandes actores. Se hacen hábiles
engañando porque su problema les avergüenza y porque
se dan cuenta de que no pueden frenar sus impulsos»,
aclara el doctor Borrás. Pero, en ocasiones, su rastro
acaba por desvelar toda la verdad. «Algunos acuden a
la consulta cuando las facturas de teléfono de líneas
eróticas o los contactos con prostitutas les han
arruinado económicamente y sus parejas les han
descubierto», señala Roselló Barberá, director del
Centro de Urología, Andrología y Sexología de Madrid.
Otros, en cambio, deciden pedir ayuda porque quieren
poner fin a una adicción que les ha costado el
matrimonio, les ha causado problemas legales o les
está empujando al suicidio. O porque su esclavitud les
está obligando a hacer cosas que nunca hubieran
imaginado, lo que les causa un sufrimiento
insoportable.



Éste es el caso de un hombre homosexual, actualmente
en tratamiento, que acabó acudiendo a locales cuya
única razón de ser era el intercambio sexual y este
hecho le estaba provocando una profunda depresión, uno
de los precios de esta adicción. Los otros han sido
estimados por el National Council of Sexual Addiction
(NCSA) de EEUU: un 40% pierde a su pareja, otro 40%
sufre embarazos no deseados, un 72% tiene ideas
obsesivas sobre el suicidio, un 17% ha intentado
quitarse la vida, un 36% aborta, un 27% tiene
problemas laborales y un 68% tiene riesgo de contraer
el sida u otras enfermedades de transmisión sexual.



«El mejor factor pronóstico es acudir a una consulta.
La mayoría de los casos que llegan hasta aquí se
arrastran desde la adolescencia y éstos son más
complicados y de difícil tratamiento porque llevan más
años manteniendo este tipo de comportamiento. Otros se
consideran transitorios porque han sido provocados por
una ruptura matrimonial, por un problema económico,
por un conflicto emocional o, simplemente, porque
exista un problema de disfunción eréctil y el
comportamiento compulsivo no se prolonga en el
tiempo», destaca el doctor Borrás.



Aunque la masturbación compulsiva durante la
adolescencia suele ser un hecho normal, a veces, este
comportamiento se perpetúa por la existencia de
problemas en la infancia. Según el NSCA, un 71% de los
adictos reconoce haber sufrido abusos físicos y un
83%, abusos sexuales.



«Existen más causas de esta dependencia como las
biológicas (alteraciones del sistema límbico,
trastornos cerebrales, como un tumor, o defectos en
los neurotransmisores). También depende de la madurez
psicosexual del individuo donde están implicados la
seguridad afectiva o los problemas de identidad
sexual», destaca el doctor Manzano.



TRATAMIENTO.- Independientemente de cuál sea la causa,
tratar la adicción al sexo es posible. Los
especialistas buscan con la psicoterapia los posibles
desencadenantes de la dependencia y con las técnicas
cognitivas-conductuales, controlar la conducta sexual
del paciente.



«A un alcohólico le puedes decir que no beba, pero
nadie puede prescindir del sexo. Eso, además, es lo
que más miedo les da. Te dicen que cómo van a dejar de
tener relaciones, que no se imaginan una vida de
celibato. Pero no se trata de vivir sin sexo, sino de
reconducir su comportamiento, de aprender a convivir
con uno mismo y tomar elecciones», aclara el doctor
Borrás.



A algunos, además, les ayudará el uso de fármacos,
como los inhibidores de la recaptación de la
serotonina. «El Prozac, por ejemplo, en dosis bajas
tiene un efecto en el cerebro sobre la sexualidad y la
saciedad, y este hecho ayuda durante los inicios del
tratamiento, junto con la psicoterapia, en
determinados pacientes», insiste el director del
Instituto Espill.



Para prevenir la adicción al sexo algunos
especialistas, como el doctor Roselló Barberá, creen
que sólo hay un camino. «Hay que impartir a edades más
tempranas una buena educación no represiva. Tenemos
que enseñar que el sexo es algo bueno, pero que puede
convertirse en nocivo cuando se utiliza de forma inapropiada».

Norberto Litvinoff
Lic en Psicologia//Lic en Sociologia-Sexologo
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