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Vaginas succionadoras....

Publicado el 22 de Febrero, 2006, 21:17. en General.
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Vaginas succionadoras
Debo reconocer que aunque creo que el tipo que hace ese espacio debe estar algo demente, me asombró con el tema que hablaba. Era una palabra que jamás había escuchado: “pompoarismo”. Chanfle, dije, ¿what the hell es eso? ...
 Nacion Domingo
Por Diego Hardaway
 
La otra noche, era un lunes tipo once y cuarto, prendí la radio. Es algo que en general hago poco, porque a esa hora estoy recién de vuelta del gimnasio, o voy a comer a la casa de la Coni, veo algo en el cable o leo mi revista I-D que me llega mensualmente desde Inglaterra. El asunto es que estaba este freak, del que no me acuerdo el nombre, hablando de sexo. Era raro el asunto, porque decía palabras fuertes de una manera entre elegante y perversa. Eso me hizo dejar la radio prendida hasta que terminó el programa, cerca de la medianoche. Debo reconocer que aunque creo que el tipo que hace ese espacio debe estar algo demente, me asombró con el tema que hablaba. Era una palabra que jamás había escuchado: “pompoarismo”. Chanfle, dije, ¿what the hell es eso? En esta columna he escrito de felaciones, caviar, sexo oral y anal, pero jamás en mis treintitantos años había escuchado ese concepto. Entre recetas de Jack Daniel’s y sugerencias de vela aromáticas, el conductor empieza a explicar que se trata de una técnica desarrollada por las mujeres para mejorar la calidad y cantidad en la obtención de placer en las relaciones sexuales. Es un arte que también se conoce como el acto de pompoar, cultivado originalmente en el antiguo Oriente y que lo practicaban las geishas . ¿Y en qué consiste? Lean bien: en la capacidad de succionar y/o expulsar con la vagina, lo que permite masajear a “Pedrito” durante el acto sexual, coito, polvo o como a ti te guste llamarlo. Tengo amigos que se refieren a ese momento con tecnicismos como “descuerar la iguana”, “poner el tonto en la raya” o “estacionar el delfín”, pero ésos son pendejadas que nos desvían del tema principal. El asunto es que el pompoarismo no se aprende de la noche a la mañana. Se logra, explica el locutor mientras yo pongo los ojos en blanco imaginado la expansión de los límites sexuales con este datito, “con ejercicios que consisten en lograr mover a voluntad los músculos circunvaginales con destreza y pericia, lo que se consigue con un riguroso entrenamiento”. Antes de terminar, el hombre da un dato clave: en Chile se enseña el asunto y hay un mail de contacto que es popoarismo@chile.com. No sé si la Coni me va a encontrar un degenerado cuando le cuente lo que escuché o si me va a pedir este mail para capacitarse, pero creo que una de las maravillas de la relación que tenemos es que no me reprimo de nada. Ella es una mujer de criterio amplio, es relajada, tiene sentido del humor y no la aplastan esos estúpidos miedos sociales. Entonces, me siento con la mayor tranquilidad para decirle cualquier cosa. Y es en este momento cuando descubro que si uno encuentra la compañera adecuada, el partner que te sube en vez de tirarte mala vibra, el cómplice-amigo-amante, entonces se pueden juntar las fantasías, las perversiones, el amor y la fidelidad en un solo paquete. Hay que enamorarse de un combo tres, para comer, tomar y zamparse el postre en el mismo local. Y se puede. De verdad. Plantéalo de esta manera: ¿te atreverías a proponerle un curso de pompoarismo a la misma persona con la que te gusta despertarte, al ser que te entiende cuando estás down y a ese ser humano que te parece cada vez más inteligente? Si la respuesta es afirmativa, you got it. LND


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