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Sexo Tántrico

Publicado el 27 de Enero, 2006, 20:02. en General.
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UNA FILOSOFÍA INDIA CON APLICACIÓN EN EL SEXO

Fuente: Latinsalud.com 27/01/06

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Auténticamente indio

Perdido en los albores de la civilización, mucho antes de que los
arios invadieran la India trayendo su cultura y su filosofía,
florecía en el Sur de la Península Índica el Tantra: la más
auténtica sabiduría hindú. Una filosofía, una visión del mundo y una
actitud religiosa con directas implicaciones en la vida cotidiana...
Así lo desarrollaron los Dravidianos, naturales de la región. Y así
permanece aun, no obstante el paso de los milenios y las embestidas
culturales de otros grupos.

¿Por qué nos interesa hoy el Tantra? ¿Qué tiene para ofrecernos esta
ancestral filosofía y su contracara práctica, las técnicas de Tantra
Yoga? El interés de Occidente por este conocimiento se basa en la
particular visión que tiene el Tantra sobre lo masculino, lo
femenino y la sexualidad. Todo el Universo es explicado por esta
relación de los principios pasivo y activo, caliente y frío,
femenino y masculino. En la unión mística de estos principios,
reproducida terrenalmente por el maithuna, la unión sexual entre el
hombre y la mujer, ve la realización de la creación.

Pero cuidado: el tantrismo, como toda filosofía de la India, tiene
un objetivo primario e irrenunciablemente espiritual. Aun cuando
recurran a la herramienta del placer sexual (bhoga), el hombre y la
mujer tántricos están buscando algo mucho más elevado: la
realización total de las potencialidades divinas encerradas en el
ser humano.


La mujer, una diosa

El hombre representa al principio originario, Shiva, la pura
consciencia, quien saca de sí el universo a través de su poder:
Shakti. Ella es su contracara femenina, quien desarrolla toda
actividad. Shiva es conciencia, origen. Shakti es poder, acción.
Todos tenemos ambos principios en nuestra naturaleza, y el Tantra ve
en cada hombre a Shiva y en cada mujer a Shakti. Ambos principios
son inseparables, y allí está el significado místico de la unión
sexual. Shiva reencuentra a su Shakti y toma de ella poder. Y Shakti
encuentra a su Shiva originario y recibe de él el principio de la
vida, la semilla original, representada corporalmente con el semen.

El lugar que da el Tantra a la mujer en la relación entre los sexos
es principal y activo. La expresión más patente es la posición que
ella adopta durante el maithuna o unión sexual. Es ella la que
domina, tomando el hombre una postura más pasiva. Por lo general, él
está tendido de espaldas y ella disfruta de su pene erecto rotando
sobre él su pelvis, tanto y cuanto quiere. Él debe estar preparado
para darle todo el placer que ella requiera, controlando su
eyaculación. Sin embargo, esta actitud pasiva tiene en el fondo
mucho de control de la situación. Veamos cómo:

"Ella (la mujer, la energía femenina) es la que evoluciona sobre el
hombre durante el acto sexual, ella extrae, lucha por extraer el
semen masculino; pero no ha de lograrlo cuando ella quiera, sino que
es prerrogativa del hombre soltarlo cuando él lo decide."


Verdadera pareja

"El Ser Original, como veedor estático e imperturbable, es masculino
y pasivo; como energía dinámica que se despliega de sí mismo, es
activo y femenino. Por ello en la ejecución del acto sexual tántrico
(el maithuna), el hombre adopta un papel estático y la mujer un
papel dinámico, para homologar así el acto de la creación cósmica...
Shiva es la luz que ilumina y se autoilumina. Y es, asimismo, el sol
interior en cada ser humano, la esencia ontológica, el uno-sin-dos,
el veedor inafectado. Para el tantrik (practicante del Tantra), la
mujer es la diosa en forma carnal, otorgadora de poder. ¿Quién
dentro de sí mismo no dispone de Shiva y Shakti, a la espera de
encontrarse en fecundo abrazo de autorrealización? El verdadero
maithuna, la auténtica ceremonia sexual, es un intento por, a través
de la plenitud sexual, hallar ese estado en el que Shiva y Shakti se
identifiquen". (2)

También en este sentido la visión tántrica propone una novedad sobre
una típica conducta sexual de dominio de uno sobre el otro. Por un
lado, la mujer es la Diosa que lleva en sí la capacidad de crear, y
a la cual el hombre deberá satisfacer tanto como lo requiera. Pero
ella, a su vez, necesita de la semilla original y no se saciará
hasta obtenerla de su Dios, el hombre. El semen es el símbolo del
poder creador original, que remite a una energía inteligente,
mental, más que a un líquido del cuerpo. Como se ve, en el maithuna
tántrico ambos son dioses, ambos se veneran mutuamente, ambos se
inclinan ante el otro para poder recibir lo que necesitan. Placer,
fecundidad, poder, amor.


Amar con control

El modo occidental de la relación sexual entre un hombre y una mujer
es más bien machista, especialmente en las sociedades latinas. ¿Por
qué? En principio porque toda nuestra cultura está teñida de un
cierto machismo o privilegio del varón, el cual se expresa en la
mayoría de las actividades: económicas, políticas, laborales, etc.
Particularmente, en las relaciones sexuales, muchas parejas padecen
el yugo masculino de la urgencia por la eyaculación. El hombre busca
saciar su necesidad y cree que ésta se completa en ese efímero
momento de la emisión del semen, el cual va acompañado de una serie
de concomitantes físicos y neurológicos a los cuales se conoce como
orgasmo.

Éste es definido como la culminación del placer sexual y, en ese
sentido, el hombre asocia la plenitud de su sexualidad con esa
descarga. Pero orgasmo también significa "exaltación de la vitalidad
de un órgano", según el Diccionario de la Real Academia Española.
¿Puede hablarse de tal exaltación cuando el hombre no puede poner
una pizca de control sobre esa función, a costa de la insatisfacción
de su pareja y a la larga, de la suya propia?

La visión tántrica es muy diferente. Sabiamente, encuentra la
plenitud del placer en el dominio de la eyaculación. Propicia
relaciones prolongadas, en que la mujer pueda alcanzar tantos
orgasmos como desee. Y, cuando finalmente el hombre decide eyacular,
su orgasmo no resulta efímero sino que está potenciado por una gran
estimulación previa.


Sexo, mente y respiración

"El hombre domina su eyaculación -dice Ricardo Daulah- cuando logra
hacer desaparecer de su mente la ansiedad por obtener sexo rápido y
fácil con tal de «desahogar» su instinto sexual. Esto se consigue
concibiendo a la mujer no como un «recipiente» sexual sino como una
diosa simbólica y terrena... como una Energía poderosa a la que hay
que dar lo que desea..." (1)

Para miles de hombres que hoy sufren una de las más frecuentes
disfunciones sexuales, la eyaculación precoz, esto puede parecer una
utopía. Pero para la siempre vigente ciencia y práctica tántrica el
control no sólo es posible, sino indispensable para el crecimiento
individual y de pareja. El tantrik sabe que en su ser coexisten
funciones inferiores y superiores, que cuando están subordinadas
unas a las otras hablan de una evolución superior. Así, el instinto
sexual (representado por la urgencia de la eyaculación) está
subordinado al control de la mente y ésta, a su vez, a los mandatos
de la espiritualidad.

"Se hace sexo con espíritu, sexo con alma, cuando se aúnan la mente
y la respiración tanto en los preámbulos del coito como en el
desarrollo de la relación íntima." (1) Mente y respiración van
unidas, se mueven juntas. El dominio de la mente es logrado por
técnicas respiratorias. Dominar la respiración es poner control
sobre la mente y el semen. Cuando su emisión se controla a voluntad,
el hombre se vuelve dueño de sí mismo, y el más apetecible de todos
los amantes.


¿Es posible en occidente?

Tratar de traspolar técnicas tántricas a occidente sin una profunda
comprensión de las bases de la cultura y espiritualidad indias es,
si no imposible, más bien poco provechoso. Todo en el Tantra está
regido por la búsqueda de la unión con El Absoluto. El yogui y la
yoguiní, tanto si deciden practicar el maithuna (acto sexual) como
si eligen el camino del celibato y la sublimación de la energía
sexual, lo hacen con ese objetivo espiritual superior.

"El buscador... debe propiciar en sí mismo el amor consciente, que
relevará paulatinamente a toda tendencia de amor mecánico y egoísta.
El amor consciente es el resultado de la inteligencia y el
discernimiento claro y aprende a poner las causas para que el otro o
los otros seres sean felices." (2) De allí las profundas diferencias
con la manera individualista y superficial con la que Occidente
desarrolla la mayor parte de su sexualidad.
"El amor tántrico y todas las corrientes tántricas de amor se
definen como anticonyugales y sobre todo como anticonvencionales.
Hay que entender que son actitudes diferentes la de relacionarse con
una yoguiní para realizar el maithuna, la de adoptar una mujer como
compañera para desarrollar el amor consciente, la de convertir a una
mujer platónicamente en la Reina del Mediodía..." (2) Teniendo
claros los objetivos, creemos que es posible beneficiarse con
nuevos -antiguos en realidad- puntos de vista.


Tomar lo bueno

Queda claro que el Tantra no se reduce a una serie de exóticas
posturas para realizar el acto sexual sin aburrimiento. Pero aun sin
pretender recorrer ese sagrado camino de búsqueda espiritual a
través de la unión sexual y el bhoga (placer), los amantes comunes
pueden beneficiarse del sentido profundo que el Tantra otorga al
sexo:

• Podrán reformular su actividad sexual, enaltecerla y hacerla más
plena y placentera.
• Podrán aprender técnicas respiratorias para poner control sobre la
más poderosa de todas las fuerzas de la naturaleza, la cual permite
la creación de la vida.
• Podrán establecer nuevos modos de relacionarse desde una
perspectiva más pareja, sin privilegios impuestos socialmente, sino
en una relación donde cada uno adquiere la importancia que le es
propia.
• Podrán revisar avejentados conceptos de masculinidad y femineidad
que, por ser temporalmente más nuevos que los ancestrales modelos
orientales, no siempre resultan más evolucionados.

Quienes deseen perfeccionarse en la práctica y vivencia de la
sexualidad a través de los caminos del Tantra deberán, en fin,
cuidarse muy bien de las falsas promesas. Muchos cursos, seminarios
y talleres son ofrecidos como una rápida y fácil solución a los
problemas de pareja. Buscar y encontrar fuentes fieles e
instructores capacitados es esencial para no fracasar en el intento.


Fuentes:
(1) Daulah, Ricardo: Tantra para occidentales. Ediciones Obelisco.
Buenos Aires, 1994.
(2) Enciclopedia del Yoga. F&G Editores. Madrid, 1995.




 




Norberto Litvinoff
Lic en Psicologia//Lic en Sociologia-Sexologo
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